
Ayer tuve un momento muy difícil con mi hijo de 8 años. Ha estado muy rebelde, no recoge su habitación, no protege a su hermano, no sigue las reglas. Pero lo más duro es que ha comenzado a mentir mucho. Odio las mentiras, siento que son la puerta de entrada a todos los males, la raíz de todo lo que está mal. La mentira de ayer me dolió mucho porque no solo mintió acerca de no haber hecho algo, sino que culpó a un niño más pequeño. Así que en lugar de darle una nalgada o gritarle, le dije que no quería ser testigo del tipo de persona en que se estaba convirtiendo y que, por lo tanto, me iría de casa. En este punto de la discusión, él estaba muy alterado y no quería que me fuera. "¿Cómo puedes pensar que está bien culpar a alguien inocente? Quiero decir, explícame por qué decidiste eso, ¿por qué lo hiciste?, ¿por qué pensaste que estaba bien? ¿Te imaginas si el pequeño hubiera tenido problemas, cuando en realidad no hizo nada malo? Eso no está bien", le dije. "Tenía miedo de que me regañaras. Fui cobarde. Soy un inútil, un estúpido, y ahora voy a perder a mi papá por cobarde", me respondió. Traté de calmarlo y le rogué que recordara que yo le había enseñado a no hablarse a sí mismo de esa manera tan degradante. Le expliqué que él, y sus hermanos, son la razón por la que hago todo y que irme era lo mejor para no ver cómo él tiraba su vida a la basura. Que estaba tomando las decisiones incorrectas, que estaba tomando las decisiones fáciles. Que la vida, en cada paso, presenta dos opciones: el camino correcto y el incorrecto, y que a menudo, el camino correcto es más difícil. A menudo también el incorrecto parece el más fácil pero el resultado es peor. Aquí hago una pequeña pausa para aclarar que nunca abandonaría a mis hijos, pero necesitaba que él entendiera que esto era tan importante para mí como para irme de casa. Sabiendo que le gustan mucho los videojuegos, intenté explicarle con una analogía lo que yo entiendo como el camino correcto y el incorrecto. Mi idea era demostrarle que el camino correcto, aunque sea más difícil, te hace más valiente y más fuerte; mientras que el camino incorrecto, te hace más cobarde y más débil. Así que le expliqué que cuando empezamos en la vida somos como una hoja de papel y que cada vez que tomamos el camino correcto, aunque sea difícil, al final nos dan una mejora y nos volvemos de cartón, y luego de madera, y luego de metal, y así hasta ser irrompibles como el diamante. Por el contrario, cada vez que tomamos el camino incorrecto o tomamos la decisión incorrecta, si éramos de madera, nos degradan y nos volvemos de cartón, y luego de papel y luego no somos nada. Todas mis palabras y pensamientos y buenas intenciones nunca me podrían haber preparado para su respuesta. "Ya entendí papá, si tomas el camino correcto muchas veces, vas mejorando hasta ser de diamante e incluso te conviertes en agua. Mientras que si vas por el camino incorrecto te vas deteriorando de ser de madera a cartón, y de cartón a papel, hasta que te quemas y te conviertes en lava". Mi cara debió desconcertarlo porque se quedó callado como esperando a ver si yo entendía. "No entiendo lo que intentas decir con la lava y el agua, cariño", le dije. A lo que me respondió, "Al final te conviertes en agua, porque así todos quieren estar cerca de ti. Haces que les broten flores en el cuerpo a todos. Haces que todo florezca y le quitas la sed a todos. Además, fluyes y eres rápido como el agua, vas a todas partes. En cambio, al final del camino incorrecto te conviertes en lava porque quemas todo, cualquiera que se acerque a ti sufre, nada crece, todo se incendia y además eres lento y nunca llegas a ningún lado. ¿Me entiendes?" Mi cabeza, mi corazón, todo yo estaba en shock, tan impresionado, que el agua ha tomado un nuevo significado en mi pensamiento. Mi hijo de 8 años es evidentemente más emocionalmente inteligente que yo y en un minuto logró transformarme más profundamente de lo que yo a él. No se trata de ser más duro sino de ser más como el agua. Así que, bueno, quise compartir con ustedes cómo ayer, un niño de 8 años llamado Eduardo, educó a su padre de 48. Y cómo mi única respuesta posible fue "te amo, está bien, no me voy a ir, pero me gustaría que tomes mejores decisiones en el futuro, para que algún día seas como el agua". A lo que él respondió "sí, papá, gracias. Te lo prometo."